martes, 19 de febrero de 2013

Siguen los Toros Zen


9. LLEGANDO AL ORIGEN

Demasidos pasos se han dado para regresar a la raiz y al origen.
¡Mejor haber sido ciego y sordo desde el principio!
Cuando se habita en la verdadera morada, más allá del lugar,
El río fluye con calma y las flores son rojas.


Vivir es nacer y morir, nacer del humus y regresar a él. Demasiados pasos, pero sin ellos no sería vida, sería no haber nacido nunca. La riqueza de la vida consiste en temer al toro, buscarlo, regresar con él, hacerse uno con él, el toro soy yo, yo soy el toro, somos uno. Vivir es exploración, aventura, temor, lucha, alegría, logro, conciencia de tí mismo, de tu yo, realización plena. Si no te lanzas a la búsqueda del yo, mejor ser sordo y ciego, porque has despreciado lo más valioso, tanto la experiencia vital como la interior. Serían los talentos enterrados por temor a perderlos, pero los pierdes debido a ese temor.
La felicidad no es un lugar ni un tiempo, es la perfección, decía Juan Salvador Gaviota. Tu verdadera morada es la felicidad, la paz interior, la alegría, el gozo del trabajo cumplido, la convivencia plena con el otro... que no es un lugar ni un tiempo. En esa paz del espíritu la realidad vuelve a ser la misma pero ya no eres el mismo, eres plenitud. 
 
10. EN EL MUNDO

Descalso y con el pecho desnudo, me confundo entre la gente.
Mis ropas están gastadas y polvorientas, y soy eternamente feliz.
No uso magia para extender mi vida;
Ahora, ante mí, los árboles muertos vuelven a la vida
Cuando dominas al toro, y el toro eres tu, no cambia nada, al menos allá fuera. Todo cambio es interior. Solo quedan las huellas de la lucha interna pero reina la paz dentro de tí. Sigues haciendo lo mismo pero ya no eres el mismo, tu yo ha mutado. Sólo quien tenga ojos para ver y oídos para oir buenas nuevas podrá saber de tu lucha y de tu nuevo ser. La realidad es la misma pero ya no eres el mismo.

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